Biografía

Toda biografía se compone de retazos de muy distintas telas que componen el lienzo de una vida: cierto aroma de leyenda, necesaria bruma que rodea la realidad; las mitologías de infancia y juventud, que acaban convirtiéndose en el Paraíso perdido; y una dosis innegable de genética, que dota de verdad a la ciencia. La vida de Hugo Salazar tiene todas estas cosas y algunas más.bio_01_thumb

Hunde sus raíces en el epicentro del sur: la ciudad de Sevilla, la eternamente romanceada Sevilla, la de tardes de plazuela y madrugadas de taberna. [pulsa para ampliar] Las mismas plazuelas y madrugadas en que Hugo solía, de adolescente, tocar su maltrecha guitarra, cantando sus primeros amores, descubriendo la luz de los días. Aquella voz quebrada hacía augurar ya entonces a un artista en ciernes cuyas tonadas pronto corrieron de boca en boca por patios y zaguanes, por el río y en Triana.

Tiene también Hugo, además del aire del sur, una genealogía favorable: nació y creció rodeado de coplas y guitarras, soniquetes de piano y el ardor de las voces sureñas. No había rincón familiar donde no se cantara, ni reunión que no acabara en fiesta. Tocado de esta gracia, decidió andar los caminos de la música y construirse una voz, un tempo, un ritmo propio con que cantar las cosas del corazón y el mundo circundante. Y así echó a andar de sur a norte y viceversa, con sus afanes a cuesta.

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Junto a varios de sus amigos de juventud —compañeros de armas, mosqueteros de Híspalis—, fundó un grupo que causó furor entre las adolescentes allá donde cantaran. Ir a escuchar sus canciones, las propias pero también versiones de temas populares, era punto obligado de la noche sevillana, y no eran infrecuentes, al acabar la función, las interminables colas de chicas en vilo esperando un autógrafo, un gesto distraído, tal vez un beso robado a la madrugada.

Por entonces, apenas veinteañero, la fama local de Hugo Salazar dio un salto de gigante a las pantallas de TV de manos de un conocido programa musical, Operación triunfo, que en los últimos años ha descubierto y lanzado a algunos talentos del panorama de la música española actual. Como triunfito enseguida se ganó las simpatías del gran público, y sus ocurrencias, así como su carácter espontáneo y sincero, pero sobre todo su voz llena de matices y tonalidades en cada interpretación, fueron muy comentados y aplaudidos por el jurado y los telespectadores.

Fruto de esta irrepetible experiencia televisiva y del aprendizaje musical junto a una serie de profesionales es su primer trabajo discográfico, que aparece en 2003 con el título de El héroe de tu vida. Encontramos todavía en él a un “artista adolescente”, en el sentido en que anda en busca de una voz propia y de una imagen personal más allá del mero “producto” de mercado. Su mucha juventud de entonces y, por qué no decirlo, su inocencia artística se sienten latir en temas como “El héroe de tu vida” o “Para siempre”, que representan la frescura y explosión de la edad primaveral; al tiempo que vemos a un Hugo más lánguido y cálido en baladas de aire italiano como “Esta rabia” o “Lo que tú quieras soy”.

Su segundo trabajo aparece en 2005 y se titula sencillamente Hugo. Por ese tiempo el artista vive a caballo entre Barcelona y Madrid, ama y desama, viaja constantemente de un lado a otro,todo crece musicalmente en lo que se refiere a la interpretación y puesta en escena, y muy significativamente en el ámbito de la composición musical. Los temas de este disco anuncian un lento pero decisivo giro hacia una mayor madurez que se expresa al mismo tiempo en su imagen personal. Atrás queda “la edad de la inocencia”, sin por ello dejar de conceder crédito a las cosas de la vida, al amor y otros demonios, como bien reflejan los temas “Regálame tus besos”, “Por siempre mía” o “Palabras al vuelo”.

En el silencio, dado a conocer en 2007, refleja claramente un momento de transición en el que Hugo Salazar profundiza en el difícil arte de componer canciones —casi todos los temas del disco son de factura propia—. Refugiado en una playa de la costa gaditana, cambia bohemia por silencio, amores por guitarra, abrazos por soledad. Un deje acústico se aprecia en sus nuevos temas: “Tal vez”, “17 primaveras”, “Camino del adiós”. Su música, pues, se desnuda de la sobreinstrumentalización que venía acusando para dar prioridad ahora a las calidades de la voz, que se descubre más personal e inconfundible que nunca. También las letras, cada vez más elaboradas y sentidas, dicen ya de otra manera las cosas del corazón y del mundo, como muestra de forma ejemplar el tema “En el silencio”.

Como parecía augurar su título mismo, este trabajo de 2007 dio paso a un tiempo de silencio en el que el artista quiso detenerse, repensar su carrera musical y aprender la oculta geometría de los vientos para ensayar rutas hasta entonces no transitadas.

Nuevas latitudes, el reciente trabajo discográfico de Hugo Salazar, lanzado en septiembre de 2010, recoge el conjunto de experiencias vividas por el artista en ese tiempo planteado como un paréntesis en su carrera. Son latitudes emocionales y musicales, caminos de ida y vuelta, espacios solares y lunares entre el mar y el cielo. Vuelve Hugo con la misma fuerza de siempre, pero con el saber que da el tiempo de lo vivido sobre las gentes y las cosas.

Los temas de este nuevo disco, todos compuestos por el artista, recorren con desenfado el mapa de los sentimientos, sin demasiadas concesiones a la melancolía ni a la cordura. Canta al amor, presente o ido, con la plena creencia del amor (“Si se irá”, “Besos”, “Nada sin tu amor”); pero al mismo tiempo ofrece una mueca irónica en el tema “Donde estaré”, tal vez sabiendo que la vida es como el mar, que todo va y viene, se aleja y vuelve. Una ironía que se torna cinismo en “Casi melancólico”, título que es un claro homenaje al afamado trompetista de jazz Chet Baker. Pese a las contradicciones, las propias y ajenas, Hugo retorna una y otra vez al optimismo, a lo bello de vivir con ojos inocentes, como bien expresa “En mi mundo del revés”, donde se congregan la fábrica de los sueños, la magia, la locura y el infaltable humor. Ya no sirve la inspiración, parece querer decir en “Toca hacer una canción”, donde destripa el mito de las musas y confía en el trabajo del día a día, desalentador muchas veces. El disco se cierra con un tema dedicado a Jesús Quintero, titulado “Buenas noches, buena suerte”, que supone un nuevo alegato a la aventura de la vida entendida como viaje dialéctico, encuentro con el otro, nocturnidad y misterio.

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Nuevas latitudes nos trae un aire distinto en una voz reconocible y reconocida, la de Hugo Salazar, quien regresa al escenario de la vida musical pletórico de energías y deseoso de reencontrarse con su público.

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